Éste ya era el tercer espectáculo que hacía con personas que no eran actores profesionales. Eso obligaba a desarrollar unas “reglas de juego” que permitieran a los intérpretes tener libertad suficiente para poder generar cada día nuevos materiales y a la vez la seguridad de poder cogerse a unas leyes que hicieran posible el encadenamiento de escenas. En este caso el juego tenía que ser seguido por una sola persona, Verónica Araúzo con la que había empezado a trabajar en uno de los espectáculos de la serie Bona Gent y con la que habíamos desistido. Lo primero que le pedí a Vero es que, pasara lo que pasara, no abandonara el barco una semana antes del estreno. Ella se prestó al reto. El proceso fue interesante y a la vez doloroso. Vero tenía que contar pequeñas historias como si se tratara de un libro de relatos breves o un cúmulo recortes de la sección de sucesos del periódico. Eran recuerdos, historias, pensamientos. Eso fue lo más fácil. Lo difícil fue enfrentarnos a algo que siempre está larvado en cualquier trabajo “documental”. Vero se sentía utilizada. Tenía la sensación que el público iba a mirarla como quien mira a un animal en el zoo. Hasta cierto punto Vero tenía razón. Tuvimos que suspender el ensayo general porque yo no encontraba la manera de ahuyentar los miedos de Vero e incluso una de las funciones se terminó antes de lo previsto cuando Vero dejó de hablar repentinamente y se quedó fumando en el escenario.
Enfrentarme a lo inesperado de manera tan cruda como en este espectáculo me hizo replantearme la viabilidad del documental en el teatro. La cámara de cine sigue a sus personajes en sus barrios y en los mejores casos consigue arrancar algo de belleza y humanidad en los lugares más impensables. Es en esos momentos en los que el documental trasciende su propio género y se convierte en algo bello. En el teatro eso sólo era posible si el actor estaba dispuesto a sacrificar su intimidad ante el público o si estaba dispuesto a ser mirado como a un extraño. En cualquiera de las dos opciones se produce un dolor para el que los no profesionales raramente están preparados.
INSTRUCCIONES DE USO:
Dos personas intercambian relatos: una cuenta algo, la otra le responde con otro relato corto. El orden y la temática de los relatos apenas ha sido pactado previamente. Hablan en primera persona, como si los centenares de historias les hubieran ocurrido a ellas. Pero cada relato hubiera podido ser protagonizado por una persona diferente y ellas hubieran podido ser cientos de personas.
La máscara del hijo, la del amigo, la del subordinado, la del vencedor, la del enfermo, la del amante, etc, van alternándose y construyen esa ficción que acostumbramos a llamar identidad pero que es la historia de todos nosotros o “Historia de la Humanidad”.
El espectáculo es un partido al que dos jugadores se prestan ante un público que asiste. Un partido en el que todo, desde lo más insignificante hasta lo más terrible puede ser contado.
Para escenificar la amplitud inabarcable de nuestra empresa hemos combinado el guión con el azar. Así pues las actrices, aún partiendo de una serie de relatos prefijados, se deja llevar por la deriva de las palabras para llegar hasta la última historia, la más recóndita o la más superficial. Esta combinación de azar y necesidad es, como antaño lo fue el teatro, la mecánica de todo juego. En la década de los 50,
Roger Caillois definió las características de la acción de jugar:
1. Libre: a la cual el jugador no podría estar obligado sin que el juego perdiera al punto su naturaleza de diversión atractiva y alegre;
2. Separada: circunscrita en límites de espacio y de tiempo precisos y determinados por anticipado;
3. Incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterminado ni el resultado dado de antemano, por dejarse obligatoriamente a la iniciativa del jugadorcierta libertad en la necesidad de inventar;
4. Improductiva: por no crear ni bienes, ni riqueza, ni tampoco elemento nuevo de ninguna especie; y, salvo desplazamiento de propiedad en el seno del círculo de los jugadores, porque se llega a una situación idéntica a la del principio de la partida;
5. Reglamentada: sometida a convenciones que suspenden las leyes ordinarias e instauran momentáneamente una nueva legislación, que es la única que cuenta;
6. Ficticia: acompañada de una conciencia específica de realidad secundaria o de franca irrealidad en comparación con la vida corriente.
PRENSA:
“La nueva propuesta [de Roger Bernat] incomodará a algunos, pero no cabe duda de
que la complejidad humana, servida sin artificios, sea ficticia o no, es lo que más
interesa hoy en día.” Begoña Barrena, EL PAIS.
“Bernat ha elaborado un espectáculo sencillo, claro y limpio, que usa de unas pocas
convenciones teatrales para romper otras muchas, un espectáculo donde la máscara
se hace presente tan sólo para recibir los entusiastas aplausos del público.” Iolanda
G. Madariaga, EL MUNDO.
FICHA ARTÍSTICA:
De Roger Bernat. Con: Verónica Araúzo y Margalida Riera. Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià. Música: J.S.Bach. Espacio sonoro: Oriol Rossell. Iluminación: Lluís Martí Ruiz Fotografía: Roger Bernat. Producción Ejecutiva: Anabel Labrador. Una coproducción de Elèctrica Produccions y Teatre Lliure. Estreno: 18/01/07, Espai Lliure (Teatre Lliure). Duración variable.
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DAS PARADIES EXPERIMENT / FOTOS.
vero.JPG 04-Jan-2007 15:19 1.7M
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DAS PARADIES EXPERIMENT / FILM.
das_paradies_experiment.mov 12-Mar-2007 01:16 6.7M
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DAS PARADIES EXPERIMENT / TEXTS.
El Mundo.jpg 20-Aug-2007 19:10 158k
El Pais.jpg 20-Aug-2007 19:08 95k
instrucciones_de_uso.pdf 15-Aug-2007 19:08 59k
Hasta el 16 de Enero: 