
¿Y si la progresiva paralización del cuerpo del bailarín fuera una reacción a la aceleración de la edad moderna? ¿Y si la desaparición del intérprete en muchos de los espectáculos que hemos hecho y visto, más que mostrar un escenario vació, mostrara el cuerpo disciplinado del público, felizmente sometido a las leyes de la urbanidad? La primera idea se desarrolla en este espléndido libro de André Lepecki, la segunda la apunto yo. Espero poder extenderme en breve.
Hasta el 16 de Enero: 